TL;DR: La mayoría de las lesiones de pata son cortes en la almohadilla, almohadillas agrietadas, uñas rotas o algo clavado entre los dedos. Revisa la pata con buena luz, dedo por dedo. Los rasguños superficiales se pueden lavar y mantener limpios en casa. Los cortes profundos, el sangrado que no para tras cinco minutos de presión, los objetos clavados o una cojera que dura más de 24 horas necesitan veterinario.
Las patas aguantan mucho. Tu perro camina descalzo sobre gravilla, cristales, asfalto caliente, espinas, suelo helado y aceras saladas, y las almohadillas son duras pero no son una armadura. La buena noticia es que los problemas de pata son de los más fáciles de detectar a tiempo, porque el perro te lo dice.
¿Cuáles son las señales de una lesión en la pata?
Fíjate en estas:
- Cojera, sobre todo si aparece de golpe a mitad del paseo.
- Lamerse o mordisquearse una pata una y otra vez.
- Mantener la pata levantada o apoyarla con mucho cuidado.
- Manchas de sangre en el suelo, en la cama o en el transportín.
- Negarse a pisar superficies duras mientras cruza la hierba tan contento.
- Hinchazón entre los dedos o alrededor de una uña.
Un perro que se para en seco durante una carrera y levanta una pata casi siempre se ha clavado algo. Párate y mira antes de seguir. Si la cojera aparece sin ningún problema evidente en la pata, nuestra guía sobre por qué cojea tu perro repasa las demás causas que conviene descartar.
¿Cómo se revisan bien las patas?
Hazlo en un sitio con buena luz, con el perro tumbado o sentado, y ve despacio. Ir con prisa es la forma de que se te escape una espina.
- Mira toda la almohadilla. Buscas cortes, colgajos de piel suelta, grietas, ampollas o una superficie roja y brillante como quemada.
- Separa los dedos uno a uno. Las espigas, las piedrecitas, las espinas y el pelo apelmazado con gravilla se esconden en la membrana interdigital. Si no ves nada, palpa buscando un bulto.
- Revisa cada uña. Busca uñas partidas cerca de la base, dobladas en un ángulo raro o que sangren por la matriz.
- No olvides el espolón. Está más arriba en la pata, se engancha con facilidad y es el que todo el mundo se salta.
- Huélela. Un olor agrio o a levadura apunta más a infección o a una irritación de largo recorrido que a una herida reciente.
Hacer esto después de cada paseo con barro o fuera de camino cuesta unos 30 segundos por perro y evita la mayoría de las cojeras.
¿Qué se puede curar en casa?
Rasguños y rozaduras superficiales. Lava con agua limpia templada o suero fisiológico, seca dando toquecitos y mantén la pata limpia y seca. Nada de agua oxigenada, que daña el tejido que está cicatrizando, y no uses cremas antisépticas de humanos salvo que te lo indique el veterinario. Todo lo que el perro pueda lamer acaba en su boca.
Almohadillas secas y agrietadas. Son muy frecuentes en invierno y en perros que pasean casi siempre por suelo duro. Un bálsamo específico para patas ayuda, y también enjuagar las patas después de pisar aceras con sal.
Un cuerpo extraño superficial. Si ves una espina pequeña o una piedrecita suelta entre los dedos y sale con los dedos sin esfuerzo, sácala y limpia la zona. Si está clavada, déjala: hurgar solo la hunde más.
¿Cuándo hay que ir al veterinario?
Llama el mismo día si ves cualquiera de estas cosas:
- Sangrado que no se detiene tras cinco minutos de presión firme y continua con un paño limpio.
- Un corte en el que cabría la yema de un dedo, o un colgajo de almohadilla suelto.
- Algo clavado: un cristal, una espina cuyo extremo no ves o una espiga que ya ha desaparecido bajo la piel.
- Una almohadilla quemada, que se ve roja, brillante o con ampollas y suele pelarse. Viene del asfalto caliente y es una quemadura, no una rozadura.
- Una uña partida por la base, que duele de verdad y suele requerir sedación para recortarla bien.
- Hinchazón, calor, secreción o mal olor, que apuntan a infección.
- Cojera que sigue ahí a las 24 horas, o cualquier cojera con dolor evidente.
Las almohadillas cicatrizan despacio porque el perro se apoya en ellas cada vez que se mueve. Una herida que se abre una y otra vez necesita el reposo tanto como el vendaje.
¿Cómo se previenen?
- Haz la prueba de los siete segundos en verano. Apoya el dorso de la mano en el asfalto siete segundos. Si no aguantas, tu perro tampoco debería pisarlo. Hay más sobre horarios y superficies en nuestra guía para correr con tu perro en tiempo caluroso.
- Enjuaga las patas en invierno. La sal de deshielo irrita las almohadillas y es peor todavía si el perro se la lame.
- Recorta el pelo entre las almohadillas. Los mechones largos acumulan gravilla, bolas de hielo y abrojos.
- Mantén las uñas cortas. Las uñas largas cambian la forma de apoyar la pata y favorecen las roturas.
- Aumenta la distancia poco a poco en superficies nuevas. Las almohadillas se curten como todo lo demás. Un perro acostumbrado a la hierba se destroza las patas en una ruta larga de grava. Nuestra guía de senderismo con tu perro explica cómo dosificar las jornadas largas.
- Revisa después de cada paseo duro. Treinta segundos, cuatro patas.
La cojera que no llegaste a ver
Lo complicado de las lesiones de pata es que los perros las disimulan muy bien, y un cambio sutil al moverse pasa desapercibido cuando solo ves a tu perro a ratos. Una bajada de actividad diaria suele ser la primera señal real de que algo duele, antes de que aparezca ninguna cojera clara.
Para eso sirve Rocket. Registra la actividad diaria y la ubicación de tu perro, así que un día flojo después de una ruta dura destaca frente al patrón normal en vez de quedar en nada. Si la actividad baja y no se recupera, mira primero las patas. Es el sitio más barato por donde empezar.
Nada de esto sustituye la opinión de un veterinario. Si dudas de si una herida es profunda, o ves a tu perro dolorido, que lo vean el mismo día.
