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Cómo enseñar a tu perro a venir cuando lo llamas: el plan de 6 fases

Actualizado 20 de septiembre de 20267 min de lectura

TL;DR

La llamada no es una orden, son seis fases construidas en orden. Aquí tienes el plan, los errores que lo arruinan y cuánto tarda de verdad cada fase.

TL;DR: Una llamada fiable se construye en seis fases, en orden: cargar la palabra en casa, añadir distancia, añadir distracción, salir con correa larga, generalizar en sitios nuevos y por último retirar la correa. Paga todas las llamadas durante el primer año, no llames nunca a tu perro para terminar algo divertido y no llames dos veces. Casi todas las llamadas fallan por dos motivos: se saltó el proceso y se fue directo al parque, o volver significa que el paseo se acabó.

La llamada es la única parte del adiestramiento que importa de verdad. Lo demás son modales. Esta es la habilidad que decide si tu perro puede tener una vida sin correa y si una carrera hacia una carretera termina bien.

¿Por qué mi perro no viene cuando lo llamo?

Casi siempre es una de estas cuatro razones, y conviene saber cuál es la tuya antes de empezar.

  • La palabra está quemada. Has llamado cien veces mientras tu perro te ignoraba. La señal ya no significa nada, o peor, significa "sigue olfateando, no pasa nada". Es el problema más común y el más fácil de resolver, porque basta con empezar de cero con otra palabra.
  • Volver es un castigo. Llamas, tu perro viene, le pones la correa y se acabó el paseo. Repite eso y tu perro aprende la lección evidente. Lo mismo pasa si lo llamas para bañarlo o para reñirle.
  • No merece la pena. Un pienso seco no compite con un gato. Si lo que pagas no gana al entorno, gana el entorno. No es desobediencia, son matemáticas.
  • No te ha oído, o no puede oírte. Viento, distancia, un perro metido de lleno en un olor, o pérdida de oído en un perro mayor. Conviene descartarlo antes de dar por hecho que te desafía.

El plan de llamada en 6 fases

Cada fase empieza solo cuando la anterior funciona nueve de cada diez veces. Las prisas son lo que rompe las llamadas.

Fase 1: cargar la palabra (en casa, 3 a 5 días)

Elige una palabra que no hayas usado nunca y que nunca vayas a decir enfadado. "Aquí" o "Ven" valen. Un silbato es mejor todavía, porque suena igual estés tranquilo o en pánico.

Di la palabra y da inmediatamente algo excelente: pollo, queso, sardina. Tu perro todavía no tiene que hacer nada. Palabra, comida. Palabra, comida. Veinte repeticiones al día durante unos días. Estás creando un reflejo, no una orden.

Fase 2: añadir distancia (casa y patio, 1 a 2 semanas)

Ahora la palabra significa "ven hasta mí". Empieza a dos metros, dilo una sola vez y paga en cuanto llegue. Sube hasta el largo del pasillo y después el del patio o el jardín. Si tienes ayuda, que alguien sujete al perro con suavidad y lo suelte al oír la palabra.

Da el premio junto a tus pies, no con el brazo estirado. Quieres que llegue hasta el final, no que se pare a dos metros.

Fase 3: añadir distracción (patio o jardín, 2 a 3 semanas)

Llama a tu perro apartándolo de cosas cada vez más interesantes: un juguete en el suelo, una persona, pienso esparcido, alguien llamando a la puerta. Retrocede un paso en cuanto deje de funcionar. En esta fase descubres qué valora de verdad tu perro, y esa información te sirve para el resto de su vida.

Fase 4: salir a la calle con correa larga (4 a 8 semanas)

Engancha una correa de cinco a diez metros a un arnés y déjala arrastrar. Ve primero a un sitio aburrido: un campo tranquilo es mil veces mejor que un parque lleno en esta fase.

Llama una vez. Si viene, paga a lo grande. Si no viene, no lo repitas y no tires de él. Camina con calma hasta el final de la correa, recógela, guíalo suavemente hacia ti y págale igualmente cuando llegue. La regla es sencilla: la señal nunca se ignora, pero volver nunca es desagradable.

Fase 5: generalizar en sitios nuevos (meses)

Bosque, playa, otro parque, cerca de ovejas, cerca de otros perros, bajo la lluvia, de noche. Cada contexto nuevo es casi empezar otra vez al principio, y luego va cada vez más rápido. Diez sitios distintos es un buen objetivo antes de plantearte quitar la correa.

Esta es también la fase en la que los cachorros se desmoronan. Entre los cinco y los doce meses la mayoría pasa por una adolescencia en la que la llamada que habías construido deja de funcionar sin más. Vuelve a poner la correa larga unas semanas, sigue pagando y espera a que pase.

Fase 6: retirar la correa, no el premio

Pasa de la correa larga a una correa corta arrastrando y después a nada, primero en un espacio cerrado. La correa desaparece. El pollo no, al menos durante el primer año.

Sigue pagando las llamadas toda la vida, pero de forma imprevisible. Una llamada que a veces da premio gordo es mucho más sólida que una que paga siempre, por la misma razón que funcionan las máquinas tragaperras.

Las reglas que lo deciden todo

No llames dos veces. La segunda llamada le enseña a tu perro que la primera era opcional. Si no tienes claro que vaya a venir, no uses la palabra. Ve a buscarlo.

No llames a tu perro para algo que no le gusta. Cortar uñas, el baño, el final del paseo. Para eso, ve tú a por él. Si hay que ponerle la correa, llámalo, engánchala, dale un premio y suéltalo otra vez varias veces por paseo, para que la correa deje de anunciar el final.

Paga siempre, y paga bien. La comida gana al elogio en casi todos los perros durante el aprendizaje. Si el tuyo no es comilón, usa un mordedor o una pelota lanzada.

No te enfades nunca cuando llegue. Haya hecho lo que haya hecho y haya tardado lo que haya tardado, el momento en que llega hasta ti es una fiesta. Un perro al que riñen por volver tarde aprende a volver más despacio la próxima vez, o a no volver.

Practica cuando no lo necesitas. Cinco llamadas por paseo, pagadas, y después vuelta a lo suyo. Si solo llamas cuando algo va mal, la señal empieza a oler a problema.

¿Y mientras la llamada no está lista?

Correa larga, campo vallado o un jardín bien cerrado. Esas son las tres opciones honestas. Soltar a un perro sin llamada en campo abierto y cruzar los dedos es como acaban los perros en la carretera.

También hay perros a los que hay que evaluar con realismo. Galgos, podencos, sabuesos, huskies y terriers jóvenes llevan mucha genética apuntando hacia el lado contrario a ti. La llamada puede ser excelente igualmente, pero quizá nunca sea fiable con una liebre delante, y montar el plan sobre ese hecho es sensato, no derrotista. Nuestra guía sobre cómo evitar que tu perro se escape cubre la parte de contención y manejo.

Dónde encaja Rocket

Rocket es un rastreador de actividad con GPS para el collar de tu perro, con su aplicación. No es una herramienta de adiestramiento y no sustituye a la llamada. Lo que hace es quitar parte del miedo que impide a mucha gente soltar la correa alguna vez, y te cuenta después cuánto terreno ha cubierto tu perro en realidad, que suele ser tres o cuatro veces más que tú.

El trabajo de llamada también cansa más de lo que parece. Un perro que hace veinte carreras de vuelta hacia ti con correa larga ha hecho ejercicio de verdad, y verlo reflejado en los datos de actividad ayuda a no pasarse con el paseo los días de entrenamiento. Puedes ver qué mide Rocket en la página de Run With Rocket.

Y si pasa lo peor mientras la llamada todavía está en obras, nuestra guía paso a paso sobre qué hacer si tu perro se pierde cubre las primeras 24 horas.

En resumen

La llamada no es una orden que tu perro obedece. Es un hábito que pagas durante meses, en situaciones corrientes, mucho antes de necesitarlo en una situación extraordinaria. Construye las seis fases en orden, no llames dos veces, que volver no sea nunca la peor parte del paseo y guarda el pollo en el bolsillo un año más de lo que creas necesario.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto se tarda en conseguir una llamada fiable?
Cuenta con tres a seis meses para tener una llamada en la que confiarías en un parque tranquilo, y un año o más para que aguante ante distracciones serias como otros perros o caza. Los cachorros aprenden las primeras fases en días y luego suelen retroceder entre los cinco y los doce meses, cuando llega la adolescencia. Ese bajón es normal y no significa que el trabajo haya fallado.
¿Por qué viene en casa y me ignora en la calle?
Porque has entrenado la palabra en un sitio fácil y la has puesto a prueba en uno difícil. Los perros no generalizan como suponemos. Una señal aprendida en la cocina es, para tu perro, una señal de cocina. Hay que reconstruirla en cada entorno nuevo, empezando fácil otra vez, aunque la segunda y la tercera vez cuestan mucho menos.
¿Debo usar una correa larga para entrenar la llamada?
Sí, en la mayoría de los casos. Una correa de entrenamiento de cinco a diez metros da al perro sensación de libertad y garantiza que la señal nunca se ignore sin consecuencia. Úsala con arnés, nunca con collar, para que un tirón seco al final de la correa no dañe el cuello, y no te la ates a la muñeca.
¿Qué es una llamada de emergencia y la necesito?
Es una segunda señal distinta, normalmente un silbato o una palabra rara, que solo usas en una emergencia real y que siempre pagas con algo extraordinario. Como nunca se usa a la ligera, nunca se desgasta. Merece la pena construirla si paseas cerca de carreteras, ganado o acantilados.
¿Es tarde para enseñar la llamada a un perro adulto?
No. Los perros adultos y los de acogida suelen aprender la llamada más rápido que los cachorros porque se concentran durante más tiempo. El trabajo extra está en deshacer un historial en el que la señal se ignoraba, y por eso la mayoría de los educadores empiezan con un perro adulto usando una palabra nueva en vez de la que ya está gastada.